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Traducir:

Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Tito 2.1

Bienaventurado serás

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(Basado en el Salmo 32.1-5)

   Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 

   Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. 

   Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día.

   Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano.

   Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Salmo 32:1-5

  1. Bienaventurado: feliz o dichoso.
  2. Transgresión: infringir o pasar por alto una ley o mandato de DIOS.
  3. Pecado: cualquier cosa que pase por alto la voluntad de DIOS o dicho de otra manera… cualquier cosa que yo piense, diga o haga que me aparte de ÉL.
  4. Confesión a DIOS: decir arrepentido lo malo que hicimos, dijimos, pensamos o  sentimos.
  5. Perdón de DIOS: DIOS quita u olvida la culpa.

   Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia* es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Santiago 1:14-15

  • * Concupiscencia: Malos deseos.

  Los malos deseos son algo que solemos tener en nuestras vidas en algún momento y si les prestamos atención, si les damos cabida, seremos atraídos y tentados (seducidos) y al instante estaremos en pecado. Igualmente si transgredimos o pasamos por alto la ley de DIOS estamos en pecado.

  Esos deseos malos debemos reconocerlos y pedirle perdón a DIOS por ellos. Solo a ÉL, porque son deseos y nadie los conoce sino solo DIOS y nosotros. Pero si los llevamos a la práctica, ya no solo es algo entre DIOS y nosotros y por lo tanto no debemos arreglar las cosas solo con DIOS, sino también con los demás. Debemos pedirle perdón a DIOS y a cualquiera que este involucrado en el asunto.

  A los deseos engañosos o malos que vienen a nuestra vida no debemos darles lugar porque harán un desastre. 


   Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Romanos 6:14


  El pecado siempre está a la puerta, siempre está presente. Sin embargo, como creyentes que somos, el pecado no tiene señorío, no nos manda. Puedo como creyente llegar a pecar, pero porque me deslicé no porque viva en el pecado. Si vivo en el pecado no soy hijo de DIOS.

  CRISTO murió por nosotros, porque nos amó. Si creo en ese sacrificio y lo acepto, mis pecados serán borrados.

  Ya no pasaré por alto sus mandatos, ya no infringiré la ley de DIOS. Es ahí cuando el SEÑOR ya no me culpa de pecado.


   Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. (verso 2 del Salmo 32)


  Sin CRISTO soy culpable, pero con CRISTO no lo soy porque ÉL pagó por mí.

  Al tener a CRISTO ya no tengo un espíritu engañoso sino uno verdadero, limpio. Por todo esto que el SEÑOR hizo, somos bienaventurados. ¡Somos felices!, pues ahora tenemos una esperanza que antes no teníamos, hay gozo en nosotros.


   Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. (versos 1 y 2 del Salmo 32)


  Cuando no teníamos a CRISTO hubo un momento en que el mensaje nos tocó, pero no reconocimos que vivíamos en pecado, sino que nos callamos y no se lo confesamos al SEÑOR. Sin embargo, ese mensaje que nos tocó siguió trabajando en nosotros; DIOS seguía ahí, tocando a la puerta del corazón. Nuestra vida se volvía más infeliz, siendo que no teníamos felicidad, había un espacio que nadie lo llenaba. Pero el SEÑOR estaba allí, ÉL quería ocupar ese lugar. Entonces lo dejamos. ¿Cómo? Le creímos, nos arrepentimos y fuimos cambiados.

  Ahora como creyentes, no vivimos en pecado, no tenemos esa vida que antes teníamos, pero los deseos malos siguen apareciendo y si les doy cabida o entrada a mi vida ya no serán solo deseos malos, sino realidades malas.

  Esos deseos malignos yo debo confesarlos a DIOS, decirle que estoy pensando cosas incorrectas y pedirle que me perdone y cambie esos pensamientos o deseos malos.


  Veamos que sucede si no los confieso:


   Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Salmo 32:3-4


  La bendición ya no está, la comunión se acaba, mi espíritu desfallece.

  Cuando en mi interior estaba corriendo un río de agua viva, ahora solo hay sequía, el SEÑOR ya no obra en mí, ya no puedo crecer. Sin embargo el SEÑOR quiere que siga adelante pero para hacerlo debo volverme a ÉL. De día y de noche el SEÑOR me pide que me reconcilie con ÉL.

  Nunca debimos haber llegado a esa situación como creyentes, pero llegamos y si quiero seguir adelante debo hacer una cosa.


   Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Salmo 32:5


  Debo contarle al SEÑOR que estoy en pecado, debo reconocer, confesarle con sinceridad a ÉL mi maldad y podré seguir adelante porque ÉL seguro me perdonará.

  Pero si no lo hacemos nuestra condición espiritual irá deteriorándose y nos destruiremos a nosotros mismos.

  Y no es momento de mirar por el que está a nuestro lado en la condición en que está, son nuestros deseos malignos. El asunto es entre DIOS y nosotros.

  Confesémosle nuestro pecado al SEÑOR y EL nos perdonará y restaurará. Entonces, solo entonces, seremos felices y dichosos en el SEÑOR.


A La Meta con CRISTO


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