Balance

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  Al terminar el año, y como todas las personas, hacemos un balance de lo que hicimos en el transcurso del mismo o al menos lo intentamos. Porque comenzamos a recordar lo bueno que hicimos, pero no nos acordamos de lo malo que hicimos; pues incluso de los errores podemos aprender. Lo curioso es que la mayoría de las personas hace este balance cuando es fin de año. Nosotros como creyentes es algo que debemos evaluar al final de cada jornada, para que el siguiente día sea mejor que el anterior. Cada día yo debo mirar si lo que hice agradó a mi SEÑOR. Debo preguntarme si he crecido en este día en DIOS y considerar mi condición ante ÉL.

  Si tan solo lo hiciésemos todos los días, nuestra comunión con el SEÑOR sería grande. El Salmo 39 en su verso 5 dice:


   He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive.


  Nuestra vida es nada, los años pasan pronto, son como la niebla que dura solo un momento.

  Lo que haga en esta tierra (cualquier cosa), no tiene provecho (excepto las cosas de DIOS). JESÚS dijo que no hagas tesoros aquí sino allí, en los cielos. También dijo que donde este tu tesoro, allí estará también tu corazón, y esto es muy real.

  Si mi tesoro más preciado está en ésta tierra, mi corazón es terrenal, pero si mi tesoro es DIOS mismo, mi corazón está allí en los cielos, de donde esperamos a CRISTO.

  Un creyente no espera que el mundo mejore, espera que CRISTO vuelva.

  Mientras estoy aquí en la tierra, lo único provechoso que hay es tener a CRISTO en el corazón, esto hará que tenga tesoros en los cielos. También es provechoso todo lo que haga para ÉL.

  Si estoy sujeto a su voluntad haré tesoros en el cielo.


   Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo. Hechos 5.42 


  Esto hacían los primeros cristianos: cada día daban testimonio de JESÚS a quién sea y dónde sea.

  Ellos enseñaban lo que era provechoso: Enseñaban de JESÚS y predicaban de ÉL.

  El Salmo 145.2 dice:


   Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.


  Cada día debo glorificar al SEÑOR y la única forma de que ÉL sea glorificado es que mis frutos sean buenos.


   “En esto es glorificado mi PADRE, en que llevéis mucho fruto”, dijo JESÚS en Juan 15:8.


  Cada día debo dar testimonio del SEÑOR y SALVADOR JESUCRISTO y debo hacerlo con gozo y alegría de corazón y sin importar a quién, ni dónde.

  En Gálatas 4:8-11 leemos:

  • Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;
  • mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?
  • Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.
  • Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.

  El mundo guarda fechas (Navidad, Año Nuevo, Pascua, etc.). Pero un creyente no debe esclavizarse a esto. Cada día debo hacer un balance de mi vida, cada día debo recordar que CRISTO vino, vivió, murió en una cruz y resucitó para que mi esperanza este puesta en ÉL y no en este mundo.

  El Salmo 90 en el verso 12, nos dice:


   Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.


  Enséñame SEÑOR, a considerar mis días que son como una niebla que pronto desaparece. Enséñame a usar los días que me diste de tal forma, que sean provechosos.


A La Meta con CRISTO


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